
GoCarga: Mi Primera Aventura Startup y el Arte del Pitch
Todavía recuerdo estar parado en Expocamello 2014, en la Cámara de Comercio de Pereira, con las notas del pitch medio memorizadas, tratando de proyectar confianza frente a la Red Nacional de Ángeles Inversionistas. Éramos 1 de los 5 finalistas seleccionados entre más de 200 proyectos. El corazón me latía entre la garganta y el estómago.
Eso fue GoCarga. Mi primer emprendimiento de verdad. No sobrevivió. Pero lo que me enseñó sí.
Cómo empezó todo
Era finales de 2013. Estaba en mis últimos semestres de Ingeniería de Sistemas en la Universidad Tecnológica de Pereira — ese punto del pregrado donde uno está tan agotado que montar una empresa suena como buena idea.
El equipo se armó de forma natural. Alejandro Pinto fue la chispa. Su papá, Gustavo, llevaba más de 20 años manejando camiones de carga por toda Colombia. No una flota. No una empresa. Solo él, su camión y la carretera. Y como miles de transportadores independientes en el país, conocía el problema de primera mano: terminaba una entrega y de repente tenía que resolver cómo encontrar carga para el regreso. Camiones vacíos. Combustible desperdiciado. Plata perdida.
Alejandro vio a su papá vivir ese problema todos los días. Ahí nació GoCarga — no en un plan de negocios, sino en una conversación de cocina.
Sumamos a Julián Vinasco, de Ingeniería Industrial, y a Jose Miguel Beltran, diseñador gráfico. Todos de Pereira. Todos, siendo honestos, aprendiendo sobre la marcha.
El problema era más grande de lo que creíamos
Cuando empezamos a investigar en serio, los números eran difíciles de ignorar. La industria de carga en Colombia: más de 192 millones de toneladas al año, 250,000 vehículos en el sistema. Y la conexión — enlazar a una empresa que necesita despachar con un transportador que tiene capacidad — ocurría a través de llamadas telefónicas, intermediarios y voz a voz. Miles de Gustavos regresando a casa en vacío porque no existía una mejor forma de encontrar carga para la vuelta.
La oportunidad nos parecía evidente: construir la plataforma que los conectara. En tiempo real. A través de la web.
Eso era GoCarga.

Apps.co y ocho semanas en Cali
A principios de 2014, aplicamos a la quinta cohorte de Apps.co — el programa de emprendimiento del gobierno colombiano, liderado por MinTIC. Quedamos seleccionados.
Durante ocho semanas estuvimos en Cali, en la Universidad ICESI, pasando por el programa Lean LaunchPad. El gobierno nos dio acceso a servidores valorados en aproximadamente 2.000 dólares mensuales por un año, dominio, herramientas y mentores que de verdad sabían de lo que hablaban.
Nuestros mentores — Ana Lucía Alzate y Andrés Felipe Millán — nos presionaron mucho en algo que yo no había terminado de entender: salir a la calle. Dejar de teorizar. Ir a hablar con personas reales.

Y eso hicimos. Entrevistamos a más de 80 transportadores y más de 20 empresas. Y en algún punto entre la entrevista 30 y la 40, nos encontramos con algo que no teníamos en el radar: los comisionistas de carga. Esas personas que llevaban años sentadas en el medio de cada transacción, conectando oferta con demanda a través de sus redes personales y el teléfono. No estaban en nuestro modelo de negocio original. Resultaron ser uno de los actores más críticos de todo el ecosistema.
Ese descubrimiento cambió cómo pensábamos GoCarga. No solo como una plataforma que elimina intermediarios — sino como una que podía servir a todos los lados de un mercado fragmentado.
La plataforma que construimos
GoCarga era una plataforma web donde las empresas podían publicar necesidades de envío de carga y los transportadores independientes podían encontrar cargas disponibles según sus rutas. Reducir camiones vacíos, bajar costos, hacer transparente lo que siempre fue informal.
Pasamos por varios prototipos. Cada uno un poco más cerca de algo real:






No era perfecta. Pero era real. Y estaba resolviendo un problema real que personas reales vivían todos los días.
Expocamello y el escenario de los ángeles inversionistas

A finales de ese año, la Cámara de Comercio de Pereira organizó la décima edición de Expocamello — una feria de emprendimiento que convoca proyectos de toda la región. Presentamos GoCarga y quedamos seleccionados como uno de los 5 o 6 finalistas entre más de 200 proyectos.
Expusimos en tarima ante miembros de la Red Nacional de Ángeles Inversionistas, respaldada por Fundación Bavaria. Inversionistas reales. Apostas reales. Presión real. Las diapositivas de ese pitch todavía existen en algún rincón de Google Drive.
Armar nuestro stand fue una de las cosas que recuerdo con más cariño. Era el primero que hacíamos — diseñamos el banner, escogimos los colores, armamos el layout. Incluso mandamos a hacer tarjetas de presentación. De las de verdad, con el nombre y el cargo de cada uno. Verlas ahora se siente como una cápsula del tiempo — cuatro estudiantes universitarios que se pusieron títulos y los imprimieron en cartulina.

Cuando lo vimos todo impreso y montado en el recinto, GoCarga se sintió real de una forma que el código en una pantalla nunca logra del todo.

No tengo palabras para describir completamente cómo se siente la primera vez que uno le hace pitch a su idea en ese tipo de entorno. Todo lo que has construido — cada hoja de cálculo, cada entrevista, cada sesión de pizarrón — se comprime en 10 minutos donde o logras que alguien crea, o no lo logras.
Teníamos que hacer que creyeran.
También participamos en Ventures Colombia, otro concurso nacional de emprendimiento. Cada evento como este era otra oportunidad de refinar el pitch, afinar la historia y aprender a leer una sala llena de personas que ya han escuchado cien pitches antes del tuyo.
El video del pitch
Por esa misma época grabamos un pitch para Apps.co. Si quieres ver en qué punto estábamos en ese momento — el producto, la idea, la energía de cuatro estudiantes universitarios que de verdad creían que podían arreglar la logística de carga colombiana — aquí está:
Verlo ahora, años después, noto todas las asperezas. Las cosas que diría diferente. Las diapositivas que rediseñaría. Pero también veo algo que en ese momento no reconocí del todo: teníamos una historia. Una de verdad. Y sabíamos cómo contarla.
Qué pasó después
Le invertimos casi dos años de energía a GoCarga. Dos años de prototipos, entrevistas, pitches, trasnochos. Teníamos un producto con una gran idea y una plataforma que funcionaba. Pero la tecnología no lo era todo — y eso lo aprendimos de la forma difícil.
El problema real era la red. GoCarga solo servía si tenías transportadores y empresas dispuestos a usarla y conectar entre sí. Sin esa masa crítica de usuarios, podías tener la mejor plataforma del mundo y no valía nada. Y construir esa red resultó ser mucho más difícil de lo que imaginamos.
Con los transportadores nos topamos con una barrera que no teníamos en el radar: muchos eran adultos mayores para los que la tecnología no era algo natural. Convencerlos de instalarse una app, crear un perfil, confiar en una plataforma web — fue una batalla cuesta arriba. Y por el lado de las empresas, conseguir siquiera una cita con un gerente de logística para presentar nuestra idea era casi imposible. Éramos cuatro estudiantes universitarios tocando puertas que no se abrían fácil.
Nunca logramos consolidar esa red. No teníamos experiencia en negocios, no teníamos contactos en la industria, y buscar usuarios fue un verdadero reto. GoCarga no continuó como producto comercial. Esa es la respuesta honesta.
Pero aprendimos muchísimo en el proceso.
Nunca lo he considerado un fracaso. Ni por un segundo.
La habilidad que quedó
Esto es lo que GoCarga realmente me dio, y creo que no lo he dicho en voz alta suficientes veces: me enseñó a hacer un pitch.
No “pitch” en el sentido de leerle diapositivas a alguien. Me refiero a lo real — entender a tu audiencia lo suficientemente bien para saber qué le importa, destilar un problema complejo en una historia que le llega a la gente antes de que sepan por qué, y lograr que alguien crea en algo que todavía no existe del todo.
Esa habilidad no se queda encajonada. No vence cuando una startup se cierra.
Hoy aplico esta habilidad en mis charlas técnicas: siempre busco contar una historia, mantener una conexión con la audiencia y compartir una experiencia. Organizo cada charla como si fuera un pitch muy largo — y me ha funcionado.
Cada charla técnica que he dado en una conferencia o universidad — estoy haciendo un pitch. Cada demo de DailyBot a un cliente potencial — estoy haciendo un pitch. Cada conversación donde explico por qué algo importa — estoy haciendo un pitch.
El formato cambia. Las apuestas cambian. La audiencia cambia. Pero la habilidad de fondo es la misma que construí en esas ocho semanas en Cali, en ese escenario de Expocamello, y frente a esa cámara para YouTube.
GoCarga me enseñó que cómo se cuenta una historia muchas veces importa más que qué tan completo está lo que se ha construido. Eso no es excusa para construir mal. Es el reconocimiento de que una gran ejecución sin comunicación pasa desapercibida, y las ideas mal comunicadas mueren antes de tener la oportunidad de convertirse en gran ejecución.
Les debo mucho a Alejandro, Julián Vinasco y Jose Miguel. A los mentores que nos empujaron a poner a prueba nuestros supuestos en el mundo real. Y a Apps.co y Fundación Bavaria por crear los espacios donde estudiantes universitarios de Pereira podían pararse frente a inversionistas serios y ser tomados en serio.
A seguir construyendo.
Recursos
- El artículo de Alejandro Pinto sobre GoCarga — La perspectiva de mi cofundador sobre el proyecto
- Fotos de nuestro stand en Expocamello 2014 — El stand de GoCarga en la feria
- Diapositivas del pitch de GoCarga — Fundación Bavaria — Las diapositivas reales del pitch ante ángeles inversionistas
- GoCarga en Facebook — La página original
- Apps.co — El programa de startups de MinTIC que nos respaldó
- GoCarga en Twitter/X — Nuestra cuenta original de Twitter
- Ventures Colombia — Concurso nacional de emprendimiento en el que participamos
- Universidad Tecnológica de Pereira — De donde venía el equipo
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